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Arterias y radicales libres

Los radicales libres son compuestos químicos extremadamente bioactivos y reactivos que desempeñan un papel primordial en el sistema inmunológico permitiendo su correcto funcionamiento. No obstante, si su concentración en el cuerpo es muy elevada, pueden atacar a los tejidos y compuestos celulares, ocasionando daños que terminan manifestándose en enfermedades. Por lo general, este daño que ocasionan sobre las células se debe a una sobrexigencia en su control por parte del organismo, atribuida a una sumatoria de factores.

Un ser humano promedio debe tener al menos una cierta cantidad de radicales libres sanguíneos para mantener activas las defensas inmunológicas del organismo. Si esta cantidad aumenta considerablemente, comienza a producirse un efecto de oxidación sobre los demás agentes químicos presenten en la sangre. Los principales afectados son los ácidos grasos –de marcada sensibilidad–  que se convierten a sus formas oxidadas. Estos nuevos compuestos comienzan a agregarse y se depositan sobres las paredes arteriales, produciendo las llamadas placas aterómicas. Las mismas, a su vez, producen debilidad en las membranas que paulatinamente comienzan a reducirse en espesor, volviéndose más frágiles y en ocasiones terminan por romperse.

Es importante destacar que esta patología denominada arterioesclerosis, es de carácter generalizado. Esto significa que la formación constante de placas aterómicas se produce tanto en las grandes arterias, como en los pequeños capilares sanguíneos de tejidos y órganos. Si esta enfermedad no es tratada y revertida en un tiempo considerable, se aumentan considerablemente los riesgos de padecer episodios de trombosis u obturación de los capilares sanguíneos.

Un aumento de la concentración de los radicales libres sanguíneos puede deberse a muchos factores. Todos estos factores se encuentran profundamente relacionales a las formas de contaminación ambiental y distintas formas de agresión que el organismo sufre cotidianamente, y que terminan  por ocasionar desórdenes en el mismo. Entre estos factores podemos destacar: el estrés, los gases nocivos del tabaco, la contaminación ambiental, el agregado de químicos a los alimentos (edulcorantes, conservantes, saborizantes, estabilizantes, turbidizantes, aromatizantes, etc.), los agentes químicos utilizados en el cultivo de vegetales (fertilizantes, plaguicidas, etc.), las radiaciones nocivas, la mala alimentación, el alcohol.

Dentro de estos factores también podemos encontrar a la ingestión accidental o intoxicación por metales pesados y a su acumulación en el organismo. Actualmente las aguas de consumo habitual presentan una elevada concentración de metales pesados disueltos (arsénico, mercurio, plomo, cromo, entre otros), producto de la falta de tratamiento de los efluentes residuales de las industrias, y al escaso tratamiento de los entes encargados de la purificación del agua para consumo, en la remoción de los mismos. La exposición continua a la polución ambiental, también conduce a la intoxicación y bioacumulación de estos peligrosos agentes tóxicos.

Los metales pesados son compuestos que ejercen un efecto catalizador (promotor) sobre algunas reacciones del organismo, como es el caso de las oxidaciones. En el momento se ingresan en el organismo, comienzan a acumularse y resulta extremadamente dificultosa su eliminación por medios biológicos habituales. Algunos de los métodos más eficientes para su reducción y eliminación efectiva, es mediante técnicas de la Medicina Othomolecular, como lo son las Terapias de Quelación.

¿Que podemos hacer?

En primer lugar el consumo de antioxidantes puede restringir la generación excesiva de radicales libres. Un suministro balanceado de antioxidantes puede prevenir en gran medida la aparición de este tipo de enfermedades y la detención de muchas otras, ya que su principal efecto radica en lograr neutralizar el exceso de estas sustancias tan reactivas.

Por otro lado, es necesario detener la ingesta involuntaria de metales pesados, ya sea, mediante el consumo de aguas de origen mineral (y no mineralizadas), como así también evitar la exposición excesiva a atmosferas tóxicas que contengan dichos metales.
En general, es recomendado incorporar a la red de agua para consumo, filtros y resinas que retengan los metales pesados y que reduzcan considerablemente su concentración.

Nota del editor

NutraCenter® - Biblioteca de Ciencia, Técnica y Nutrición
Hydro-Grow® Laboratorios
Artículo N° 2, 2008.

Referencias consultadas:

  • Balch, J. Los Super-antioxidantes. Sirio, España, 1999.
  • Dr. Cooper, K. La revolución de los antioxidantes. Atlántida, Buenos Aires, 1995.
  • Lic. Strembel, Eric G. Recomendaciones dietarias para niveles altos de colesterol. Biblioteca de Ciencia, Técnica y Nutrición - Hydro-Grow® Laboratorios - Documento N° 2. Actualización 2008.
  • NutraCenter® - Radicales libres y la función de los antioxidantes. Biblioteca de Ciencia, Técnica y Nutrición - Hydro-Grow® Laboratorios - Artículo N° 1, 2008.